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RELATOS DE TERROR

Relato de terror, El doctor Rudenfurt
La historia es una adaptación libre de varias leyendas populares transmitidas de boca en boca por los habitantes de la comarca del valle del ahorcado, situado en la región media de la cordillera blanca y está estructurada en varios capítulos.
 
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Informé a los padres
CAPÍTULO TRES
INICIO
nformé a los padres sobre el comportamiento que deberían tener durante algunos días y me dispuse a regresar al pueblo, para reincorporarme cuanto antes a mi puesto de guardia.



una vieja y mansa mula
Tuve que insistir sobre mi decisión y obligación de regresar al pueblo cuanto antes, ya que ellos, muy amablemente, por cierto, intentaron convencerme para que no me aventurara a cruzar el bosque con la noche al caer y el cielo encapotado.
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Al final comprendieron mis razones y, muy a su pesar, admitieron mi partida con una condición que no pude menos que agradecerles: puesto que el camino hasta el pueblo era largo e inédito para mí, por haberlo seguido tan sólo una vez y en unas condiciones complicadas, me dejarían una vieja y mansa mula torda que, además de cargarme hasta el pueblo, me haría de guía, pues el animal conocía enteramente el camino por tenerlo, como se suele decir, muy trillado.


Cuando salí de su casa, ya había empezado a anochecer y el cielo amenazaba con descargar toda su furia a través de grandes y negros nubarrones, presagio de una inminente tormenta.

Mi experiencia como jinete es más bien escasa por lo que consideré no hacerle coger a la mula más que un pequeño trote, que no obstante me permitiría llegar en buena hora al pueblo.

Poco después de internarnos en el bosque, estalló la tormenta que se presentía y lo hizo con tal estrépito y tan cerca de nosotros, que la propia mula se asustó y me tiró de la silla mientras huía desbocada por entre la sombría espesura del bosque.

La caída fue sobre un montón de hojarasca por lo que, aunque apesadumbrado por la pérdida del animal, pude comprobar que las heridas no me impedirían caminar. Después de maldecir la tormenta y descargar sobre el embarrado suelo del bosque la rabia de mi impotencia ante las consecuencias del desafortunado incidente, me puse en marcha. Las condiciones climatológicas, mi falta de experiencia en situaciones similares y el desconocimiento del terreno, me hicieron dar vueltas, desorientado, alrededor del mismo sitio hasta que, medio desvanecido y exhausto por el esfuerzo y los efectos de la caída, me pareció observar entre las luces de los relámpagos lo que afortunadamente resultó ser esta casa. El resto de la historia ya es conocido por usted.

- Tuviste suerte de no fracturarte algún hueso- indicó el doctor.

- Si, mucha suerte- Reconocí yo.

Mientras yo relataba los detalles de mi visita médica y el incidente, ya habíamos llegado a la otra habitación, pero, hasta entonces, no me había fijado en sus características:

Era amplia aunque se respiraba en ella un aire de intimidad y solemne quietud. Se trataba, probablemente, de la estancia más cuidada de la casa pues en sus paredes y muebles se apreciaba una esmerada y minuciosa limpieza que no había notado en las demás partes de la casa por las que me habían llevado. Parecía ser una sala de lectura o estudio pues los muebles que había en ella así lo ponían de manifiesto. Sobresalía, por su porte y grandiosidad un amplio armario de vetusta, pero sólida construcción, repleto hasta su último rincón de libros y revistas de variados tamaños y ordenada colocación.

- !Oh, parece una gran biblioteca!- Exclamé admirando su porte e intuyendo la belleza y calidad de su contenido.
- Si; estoy orgulloso de ella, muy orgulloso. Para mí, es un verdadero tesoro de obras técnicas y científicas.

- Parece que le atraen las ciencias.

- !Desde luego que si! pero, sobre todo, las que se ocupan del cerebro y la mente o el espíritu humanos, como, por ejemplo, la psiquiatría, la neurología, la psicología, la psicodinámica o tantas otras ciencias que tengan alguna conexión o relación con dichas áreas del conocimiento.


una vieja biblioteca
- !Sin ninguna duda, ha de tratarse de una maravillosa biblioteca! - Exclamé suspirando con vehemencia.

El doctor Rudenfurt parecía estar en trance cuando alagado en lo más profundo de su espíritu, me dijo:

- !Este es mi gran tesoro; mi única riqueza, mi vida, mi sentir...!Mi universo!.

Después prosiguió, ya menos exaltado:

Aquí puedes encontrar las obras completas de Freud sobre la histeria y el significado de los sueños; los resultados de Pavlov en relación con la fisiología del cerebro y la neurastenia; los trabajos de Sheldon y Kretchmer sobre los biotipos humanos y su conexión con las enfermedades mentales y, en fin, otros muchos e importantes trabajos de notables y prestigiosos científicos.

- ¿Tiene alguna obra que trate sobre la radiestesia o la metapsíquica?- Le pregunté con cortés indiferencia que trataba de ocultar mi marcada curiosidad.

- ¿Sobre las pseudociencias?- Me preguntó él a su vez, notando el tono falso de mi voz, pues una ligera sonrisa asomó a su rostro.

- Sí, creo que esa es su denominación general- Contesté yo, moviendo la cabeza, instintivamente, en señal de afirmación.

- Naturalmente que sí. Aunque los fundamentos de dichas ciencias no estén rigurosamente asentados en bases sólidas, sus conceptos filosóficos, su estudio, la compenetración con ellas, predispone a un mejor entendimiento de las fuerzas primigenias de la naturaleza humana.

-Pero, desde luego - Continué diciendo yo - No debemos dejarnos subyugar por sus tesis y contenidos, pues corremos el riesgo de perder la estimación y la fe en las verdaderas ciencias.

Quedamos unos momentos en silencio, por mi parte, contemplando, abstraído, toda la belleza de tan espléndida biblioteca, como si de la legendaria de Alejandría hubiéramos estado hablando.

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tema escrito por: José Antonio Hervás