Supongamos
un conductor mas o menos esférico, en cuyo centro hemos
puesto una carga Q.
Debido a que nosotros la hemos situado, estamos seguros
de que existe carga en el interior pero, aun así, vamos
a ver que su acción se manifiesta como si estuviera
en la superficie.
Al colocar la carga Q en el centro, por el fenómeno
de inducción, aparece en la cara interior de la superficie
esférica una carga –Q, yendo la carga Q que neutralizaba
a esta a situarse en la parte exterior.
Si trazamos una superficie gaussiana que biseque a la
superficie esférica, observamos que a través de ella
no pasan líneas de fuerza ya que nacen en las cargas
+Q y mueren en las –Q.
Es evidente, por tanto, que el campo exterior, materializado
por las líneas de fuerza proviene de las cargas +Q de
la superficie externa, manifestándose la carga como
si la introducida por nosotros se hubiera ido a situar
en dicha superficie.
Puede demostrarse análogamente que si el conductor es
macizo, la carga también se manifiesta en la superficie
del mismo.
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