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RELATOS DE TERROR

Relato de terror, El doctor Rudenfurt
En el décimo y último capítulo de la extraordinaria historia del doctor Rudenfurt, el protagonista es rescatado por sus vecinos del pueblo del precipicio en el que había caido, pero hay algunas cosas que no acaban de cuadrar.
 
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ya Fuera
CAPÍTULO DÉCIMO Y FINAL
INICIO
uera porque las indicaciones que el doctor me había dado para llegar al pueblo no habían sido lo suficientemente precisas, o porque al poco de salir de su casa volví a sentirme agobiado por el intenso dolor de cabeza que no había dejado de martillearme en todo momento, el caso es que, cuando quise darme cuenta, estaba caminando en círculos y empezaba a sentirme ofuscado. De pronto, en un vacilante paso, noté que la tierra faltaba a mis pies y que mi cuerpo flotaba en el vacío como una débil y ligera pluma movida aleatoriamente por el capricho del viento.

No recuerdo cómo he llegado al fondo del precipicio en el que decís que me habéis encontrado, ni tampoco el tiempo que he permanecido desmayado.
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- ¡Desmayado y con alucinaciones, nada menos que desde el viernes, don Francisco! -

- ¿Desde el viernes?, ¿pero no es hoy viernes? -

- No. Hoy estamos en lunes.


- ¡Cómo!. ¿He estado tres días en el fondo del precipicio?

- ¡Oh, no!, de allí lo sacamos el viernes por la tarde. Tuvimos muchos contratiempos pero, gracias a Dios, pudimos encontrarlo antes de que se agravara su estado. Lo que no entendemos es como pudo llegar, malherido, hasta donde lo encontramos nosotros.

- ¡Pues como iba a llegar, caminando!. Además, ya os he referido que al caerme de la mula no sufrí ningún daño de consideración, que mi caída más fuerte debió ser por el precipicio, cuando me dirigía al pueblo, proveniente de la casa del doctor Rudenfurt.

- Pero, don Francisco, ¡eso es imposible!

-¡No, nada de eso; es muy lógico!, Cuando salí de la casa del doctor, me encontraba ya mareado. Más tarde, la jaqueca se me intensificó hasta tal punto que, como el camino me era desconocido, perdí la noción de la ruta y me extravié por el bosque. Como los mareos me habían aturdido casi por completo, caminé sin saber siquiera donde pisaba, hasta que caí por el precipicio.

- Perdone que insista, don Francisco, pero las heridas que usted tiene en la cabeza, únicamente se las pudo hacer al caer de la montura.

- No es seguro; pienso que me las hice al caer al hueco en el que me encontrasteis.

- No, doctor, porque hemos encontrado el lugar en que fue el accidente con la mula. Había en él evidencias de restos de sangre como para no tener dudas.

- Bueno, pero eso no quiere decir que las cosas no hayan ocurrido como yo digo...

- No queremos contradecirle, pero es muy extraño que hable usted de un lugar que no existe.

- ¡Pero que dicen ustedes!

- Decimos que por esta comarca no hay, que nosotros sepamos, una casa con las características que usted ha descrito, ni tampoco nadie que responda al nombre de doctor Rudenfurt.

- ¡Pero... pero…! Ustedes han oído de mi boca detalles pormenorizados de lo que me ha ocurrido en esa casa. Comprenderán que tanta minuciosidad es difícil de imaginar en mi estado.

-No..., bueno, no decimos nada, don Francisco, pero...
- ¿No querrán confundirme?

- ¡Desde luego que no, don Francisco!

convaleciente
- ¡Esperad, esperad! Recuerdo una vieja historia que, de niños nos contaba mi padre, no sé si para meternos el miedo en el cuerpo con el objeto de que no nos adentráramos demasiado en el bosque, que en una época en la que él mismo era niño, los mayores del lugar hablaban de que cierto personaje que se hacía llamar así mismo doctor Rudenfurt, había llegado al pueblo con la intención de convertir una de las viejas casonas del municipio en un "asilo para locos". Al parecer, este doctor era una persona muy reservada y sus métodos de trabajo algo especiales.... En tiempos de la guerra, con todos los bombardeos y refriegas que tuvieron lugar por estos lares, desapareció cualquier rastro de ese hospital siquiátrico, de la antigua casona de indianos que lo acogió y de los pobres locos del doctor Rudenfurt. Hubo muchas y variadas conjeturas y opiniones, algunas de ellas, en verdad, disparatadas y, poco a poco, la historia se convirtió en leyenda.

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tema escrito por: José Antonio Hervás