| Meditando
he descubierto que creyéndome despierto llevo ya cien años muerto pues no lloro con las penas oprobiosamente ajenas ni me duelen las cadenas de hierro salvaje y duro que constriñen un futuro amargo, triste y oscuro para aquellos inocentes que soportan impotentes sobre sus pálidas frentes los abusos desbocados de sátrapas desalmados que presumen de togados |
con la razón impoluta que les da la fuerza bruta de su verdad absoluta para trastocar el mundo con su poder furibundo en un lodazal inmundo que tapa y lo cubre todo con el pestífero lodo de sus engaños y modos |
Meditando he descubierto que nada sabe tan cierto en el concurrido puerto del honor y la estulticia como tener la primicia de alguna sin par noticia de catástrofes y vidas ya sin remisión perdidas por la gripe o por el Sida |
para
callar las conciencias y mantener las creencias en las loables presencias de tantos buenos burgueses que cuidan sus intereses en tan aciagos reveses; pero callamos, cobardes, viendo como Roma arde mientras la justicia tarde o nunca llega y termina, como rayo que fulmina, con los odios que germinan sobre esta tierra maldita que al caos se precipita por no solventar sus cuitas |
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