¿Qué llevas en la mirada
que no descubren tus labios?
Tal vez la pena callada
de alguno de mis agravios
Hoy puedo ver en la niebla
de tus ojos ya cansados
el sentimiento y la pena
que debilitan tus manos
brillan los surcos de
sangre
que te nacieron llorando,
¿por qué será que las madres
quieren a sus hijos tanto?
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Queda la noche vacía
con tus sueños y reparos
¡Que pequeña es una vida
para tantos descalabros!
Entre las brumas del
tiempo
yo me duermo en tu regazo.
Me das un beso en silencio
y despierto con tu abrazo
¡Se que debería
pagarte
tantos desvelos pasados
pero tu ya sabes, madre,
que los hijos somos malos
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