¿Qué llevas en la mirada
que no descubren tus labios?
Tal vez la pena callada
de alguno de mis agravios

Hoy puedo ver en la niebla
de tus ojos ya cansados
el sentimiento y la pena
que debilitan tus manos

brillan los surcos de sangre
que te nacieron llorando,
¿por qué será que las madres
quieren a sus hijos tanto?

Queda la noche vacía
con tus sueños y reparos
¡Que pequeña es una vida
para tantos descalabros!

Entre las brumas del tiempo
yo me duermo en tu regazo.
Me das un beso en silencio
y despierto con tu abrazo

¡Se que debería pagarte
tantos desvelos pasados
pero tu ya sabes, madre,
que los hijos somos malos

Desde aquí puedes ir a 
a ti, madre No es la vida ... a contarme jinete solitario vibra la chispa me gustan las matemáticas monotonía
  siempre afable siento como desesperas en esas tardes de otoño maldigo
atravesando el desierto no me quejo escribo soy hermano de ... triste padecer tras una ventana
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