Nada hacía presagiar a Jon que la jornada escolar le deparaba
una pequeña sorpresa cuando, empujado por un invisible resorte,
salía escopetado de la cama mientras sobre sus despistadas orejas
incidía suave y envolventemente la voz de su adorada madre animándole
a afrontar con buen ánimo aquella fría y húmeda
mañana del mes de febrero que intentaba colarse a través
de las rendijas de la ventana de su habitación. |
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Consideraremos la figura de la derecha
y tomaremos el lado de los cuadraditos sobre los que están representadas
ambas como de valor igual a la unidad. Si aplicamos el teorema de Pitágoras, visto la semana pasada, para obtener el valor de la hipotenusa del triángulo azul (pequeño), comprobaremos que su valor es : Del mismo, para el valor de la hipotenusa del triángulo rojo (mediano) resulta : Aparentemente, la hipotenusa del "triángulo" grande (con todas las piezas) es la "suma" de las hipotenusas de los triángulos azul y rojo, es decir : Pero, por el teorema de Pitágoras, la hipotenusa del triángulo grande (con todas las piezas) vale : Es decir, tenemos que a la figura de la derecha le falta, para ser un verdadero tríangulo, el área de un triángulo de lados Aplicando la llamada fórmula de Herón, matemático y físico ejipcio que vivió entre los siglos I y II antes de Cristo podemos calcular el área de un triángulo a partir de sus lados : Con un poco de paciencia, podemos ver que cada uno de dichos triángulos tiene de área 0,5 unidades cuadradas y la suma de los dos triángulos nos da el valor del hueco de la figura superior. Toda la clase quedó maravillada con la disertación de la profesora, si bien para muchos resultaba mayor misterio que el del cuadradito fantasma entender que la profesora se emocionara tan efusivamente explicando algo tan árido y complicado como las matemáticas. |
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