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Poemas del corazón - ROSARIO DE CUENCA
 
Aun, no habia amanecido y el hombe salió de su casa con el candil apagado todavía. No le hacía falta encenderlo; conocía al detalle los caminos y sus piedras.

Pronto dejaría las últimas calles del pueblo lejos, montaría en su pequeña barca, algo rota, remendada y echaría la red, esa red, tantas veces recosida para esperar con silencio acompasado, la llegada de sus presas.

Esa noche, no encendió el candil, hasta le molestó que amaneciera pues no quería contemplar al asesino de su padre, de su hijo....y le maldijo por no haber sido él, tambien tragado y espantó, a las aguas,con su grito.

EL CANDIL
Despúes calló, volvio el silencio y esperó, sabía que se repetiria su pesadilla, saldrian a encontrarse otra vez con él....

Le pesaban los parpados y los años agolpados de repente en su contorno y por fin, se aclaró la espuma, se hizo transparente, aguanto la respiración, escuadriñando el infinito con ternura nueva....los vió de repente, estaban ahí, delante de su barca, jugando,saltando y bebiendo sorbos de mar.... los vió, les oyó reir a carcajadas, le ignoraban por completo....pensó ¿seré yo el que esta muerto?, los llamó inchando sus pulmones hasta que su vientre, se le perdió en el esqueleto....cayo por la borda hasta el fondo....no le importaba, por fin, pensó,"podré vivir otra vez entre ellos....", con el último grito, su padre y su hijo, saltaron del delfin.... nadando y jugando lo arrastraron. Sola quedó la barca, alguien encendió el candil....unos cuantos, la recogieron, venía cansada de esperar a su dueño.

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