cadena de cuentos
 

JON, EL NIÑO GRUÑÓN

En una pequeña aldea situada muy cerca del bosque, vivía una familia que tenía un niño muy desobediente. No hacía caso de las cosas que le decían sus papás.
Cuando se enfadaba, solía llorar como un bebé y sus gritos eran tan fuertes que parecía un ogro. De su boca salían palabras muy feas que a nadie le gustaba oír.
    -¿Sabéis cómo llamaban a ese niño en su aldea?. Pues bien, su nombre era Jon y le llamaban “Jon el gruñón”.
Sus padres ya no sabían qué hacer para que Jon no fuera tan gruñón, pues como os he dicho antes, su comportamiento era insoportable y sus amigos no querían jugar con él.
Se pasaba todo el día enfadado, sobre todo por las mañanas, al llegar al cole.
Un día salió a jugar al bosque que había cerca de la casa en la que vivía. Éste era un bosque mágico y en él había toda clase de seres mágicos. Vivían duendes, gnomos, hadas… y un sinfín de criaturas, pero… ¿qué era aquello que Jon había visto correr entre los árboles?
    - ¡Parece un dragón! – Pensó en voz alta Jon, pues a él se lo pareció.

    - “En efecto, es un dragón” – Le dijo el duende Serafín que pasaba por allí.
gruñón
De repente y sin esperarlo, Serafín dio un silbido muy fuerte y al instante apareció, echando fuego por la boca, un enorme dragón.

Jon se asustó muchísimo pero Serafín lo tranquilizó:
    - No tengas miedo, no es peligroso.
dragón
El dragón le explicó a Jon que él también había sido un niño desobediente que solía gritar y decir cosas feas cuando se enfadaba y no le daban lo que quería, hasta que un día, apareció el duendo Serafín que cansado de oír todas las cosas feas que salían de su boca y de que fuera tan desobediente, decidió convertirlo en dragón para que, cuando estuviera enfadado, sólo saliera de su boca fuego y humo, de modo que nadie tendría que escuchar sus palabrotas.
De repente, Jon empezó a llorar desconsoladamente y el duende Serafín le preguntó:
    - ¿Por qué lloras, Jon?
Y Jon le contestó:
    - ¡Yo no quiero que me conviertas en dragón; seré bueno, obediente y educado.

    - Está bien. No te preocupes, Jon, no te convertiré en dragón, si cumples con lo prometido, y… lo más importante, obedecerás a tus Papás y a los adultos que te cuidan para que el día de mañana seas una persona feliz y responsable.
Así ocurrió desde entonces. Jon se hizo muy amigo del dragón y del duende Serafín y, de vez en cuando, iba al bosque a jugar con ellos a vivir mil y una aventuras, pero también solía ir a jugar con sus amiguitos de la aldea, pues ya nunca más se enfadó ni gritó palabrotas.
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tema escrito por: José Antonio Hervás