cadena de cuentos
 

DOÑA ÁGUILA Y DOÑA ZORRA

En un pueblo muy lejano vivía una vez un pequeño pastorcillo llamado Daniel.

Todos los días, Daniel llevaba su rebaño de ovejas y cabritas a pastar al campo y un día quiso llevarlas a un monte muy alto muy alto que había al sur de la región.
Tan cansado y hambriento estaba cuando llegó a lo alto del monte que se sentó un ratito a descansar y a comerse unos trozos de pan y queso que llevaba en su zurrón. Nada más llevarse a la boca el primer bocado, vio que, por encima de él, había un águila volando.
Pensó en ofrecerle un poco de su comida al animal y para ello le hizo señales. Después de varios intentos, el águila, que estaba tan hambrienta como él, accedió a acercarse con bastante temor y mucha cautela para engullir la comida que le había ofrecido Daniel.
Después de haberse comido el pan y el queso, el águila dijo:
    Muchas gracias, Daniel. Te voy a contar ahora una historia que me pasó a mí con un queso y una zorra…

    Pues resulta que yo tenía una comadre “zorrica” que venía muchas veces de visita a mi casa. Un día, estando de visita, vio un queso que yo tenía guardado en la despensa y se lo cogió para comérselo.

    Pasó el tiempo y un día se celebraba una boda en el cielo; le dije a mi comadre zorrica que si quería venir a la boda conmigo y ella me contestó que no podía venir porqué no sabía volar. Yo le dije entonces:
      - No se preocupe comadre zorrica, que yo la llevaré encima de mí y verá que bien vamos así.
pastorcillo
águila y zorra
Cuando íbamos volando muy alto muy alto le dije:
    - Agárrese fuerte comadre zorrica que me voy a cerner un poco.
A lo que ella me contestó:
    - No se cierna usted, comadre aguilica, ¡por favor! o me caeré.
Y entonces continuamos:
 
      - ¿Se acuerda usted de lo del queso, comadre zorrica?
      - De eso hace mucho tiempo, comadre aguilica, déjelo usted
      - Bueno, pues agárrese fuerte comadre zorrica, que me voy a cerner otro poco
      - No, ¡por favor!, comadre aguilica, que me caeré
 
    Tanto la moví y la menee en las alturas que, al final, la comadre zorrica se cayó al suelo, con tan mala fortuna que fue a dar sobre una piedra y se rompió el cuello y la cola. Un cazador que pasaba por allí la cogió para ayudarla intentando arreglar el estropicio, pero se confundió y lo hizo al revés, poniéndole el cuello en el lugar de la cola y ésta en la posición del pescuezo.
la zorra al revés
    Cuando mi comadre zorrica despertó y, todo dolorida, se iba para su casa, todos cuantos la veían se reían de ella, al verla caminando hacia atrás.
La historia que Daniel escuchó del águila le impresionó sobremanera y le hizo pensar que no hay que quitarles a los demás sus cosas por mucho que nos gusten.
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tema escrito por: José Antonio Hervás