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EL SUEÑO MÁGICO

Silvia es, como todos los niños y niñas, muy alegre, juguetona, cariñosa y con mucha imaginación. A veces se imagina que es una bailarina o una princesa. También le gusta jugar a ser maestra, médica o cocinera.

Un día salió al campo con sus papás; era un precioso día de sol, con un cielo muy azul. A Silvia le encanta coger flores, tomillo, mariposas, mariquitas… pero ese día, de pronto, cuando fue a coger un saltamontes, vio pasar algo por encima de su cabeza.
    - ¡Mamá!, ¡papá! – exclamó dando un respingo Silvia, pues aun siendo una niña muy valiente, aquella sombra por encima de ella le asustó.
    - ¿Qué pasa, Silvia? – preguntó su papá.
    - ¡He visto saltar algo por encima de mi cabeza! – contestó la niña.
El papá de Silvia buscó entre la maleza y finalmente se encontró con lo que la había asustado.
    - ¡Ven, Silvia, ven, mira lo que he encontrado!
conejito
La niña se acercó recelosa hasta donde le indicaba su padre y, ¿sabéis que fue lo que encontró? Nada menos que un precioso conejito de color gris veteado de blanco.
    - ¡Oh, qué lindo parece!; ¡su colita es como una bola de algodón!
Silvia observó que el conejito tenía una patita herida y preguntó a sus papás si podía llevarlo a casa para curarlo y cuando sanara devolverlo de nuevo al campo.
    - Está bien, le dijo su papá. Silvia le puso de nombre Saltarín.
Ya sabéis que en el campo entran muchas ganas de comer y eso fue lo que le ocurrió a Silvia. Su mamá preparó una gran tortilla de patatas con cebolla y pimientos verdes, una ensalada y fruta. Todos comieron mucho y hasta el conejito, que estaba más hambriento que asustado, participó.
soñando
Después de comer, a Silvia le entró sueño y, junto con saltarín, se acostó sobre una mantita que su mamá le colocó encima de la hierba. Estaba tan a gusto que se quedó dormida abrazando a su conejito y soñó que se montaban en una nube como de algodón y que Saltarín saltaba de una nube a otra sin que ella lo pudiera coger, desapareciendo y apareciendo.
Ella, intranquila, lo llamaba, - ¡Saltarín!, ¡Saltarín! y él aparecía de pronto y le entregaba una estrella mágica para que todo lo que soñara se volviese realidad.
Cuando despertó supo que todo había sido un sueño, pero no un sueño cualquiera sino un sueño mágico, pues en ese momento se dio cuenta que Saltarín no tenía ya la herida de su patita por lo que se pusieron a saltar de alegría y a jugar y cantaron muchas canciones. Entonces, como Saltarín ya se había curado, Silvia lo llevó con sus papás y sus hermanitos en la madriguera.

Cuando se despedían, Silvia oyó que Saltarín le decía:
    - No estés triste porque yo me quede aquí. Pronto tendrás un hermanito y entonces vendrás con tus papás y con él al campo y podremos jugar todos juntos.
Silvia se fue a casa, junto con sus papás, muy contenta y feliz.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
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tema escrito por: José Antonio Hervás