cadena de cuentos
 

LUIS ALBERTO, EL NIÑO MEJICANO

¿Alguno de vosotros ha utilizado siete sombreros mejicanos a la vez?

Había una vez un niño llamado Luis Alberto, que sí utilizaba los siete a la vez… pero para venderlos. Y cuando conseguía vender 6 ó 7 se ponía muy contento.
Un día llegó a la ciudad en la que vivía Luis Alberto, un maestro que iba a abrir una escuela y todos los niños, incluido Luis Alberto, estaban deseando ese momento, pero la ciudad era tan pobre que en ella no había coches sino, únicamente, burros.
Luis Alberto le dejó su burro al maestro, pero el burro era muy miedoso y no quería moverse sin que él estuviera, por lo que Luis Alberto tenía que acompañar al maestro a todos los sitios a los que iba. De ese modo, se fueron conociendo. El maestro descubrió que no había conocido a un niño tan mentiroso como Luis Alberto y le dijo:
sombrero mejicano
    - Luis Alberto, quiero que hagamos un trato.
    - Dígame, señor maestro – Contestó Luis Alberto.
    - ¿Ves aquel árbol?
    - Sí – Dijo el niño
    - Pues bien, cada vez que digas una mentira clavarás una púa en él.
    - Eso es muy fácil -Señaló Luis Alberto.
    El maestro le dio a Luis Alberto un martillo y una caja con púas y el niño se fue muy contento.

    Por el camino, Luis Alberto se encontró con su amigo Pedro.
zapatos
    - ¿Cómo has conseguido ese martillo? – Le preguntó Pedro.
    - El maestro me lo regaló porqué le ayudé con el burro – contestó Luis Alberto
    - ¿Y te ha dado algo más?
    - Sí, claro; me dio un pantalón vaquero y unos lindos zapatos.
    - ¿Y donde tienes todo eso?
    - Está en el banco, junto con el dinero – dijo Luis Alberto.
En ese momento, Luis Alberto vio el árbol que le había indicado el maestro; se acercó a el, lo miró, pero no le clavó ninguna púa.

Al día siguiente, Pedro vio a Luis Alberto clavando púas en el árbol y murmurando “para cada mentira una púa” y, como había mentido sobre el martillo, el pantalón vaquero, los zapatos y las cosas en el banco, tuvo que clavar muchas púas. Pedro preguntó:
    - ¿Qué haces, Luis Alberto?
    - Estoy clavando púas para colgar los sombreros
cactus
El árbol parecía un cactus con tantas púas y Luis Alberto empezó a sentirse mal. En esto llegó el maestro y Luis Alberto se avergonzó, pero el maestro sonrió satisfecho de saber que Luis Alberto estaba cumpliendo el trato que habían acordado. El maestro dijo:
    - Luis Alberto, ahora tienes que quitar las púas y los agujeros del árbol.
    - ¡Pero, maestro!, es imposible quitar los agujeros.
    - Ya lo sé, Luis Alberto; eso es para que comprendas que una mentira es como una púa clavada en un árbol, aunque la saques, dejará una marca que señala donde estuvo la púa. De ese modo, lo mismo que lo mejor para no estropear el árbol es no clavarle ninguna púa, siempre es mejor decir la verdad que una mentira.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
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tema escrito por: José Antonio Hervás