La
Capilla de Notre Dame du Haut esta ubicada en Ronchamp, en lo alto de
la colina de Bourlémont. En la edad media, este lugar era un centro
de peregrinación católica dedicado a la virgen María.
La capilla original sufrió un incendio voraz en 1.913 y a consecuencia
de ello, fue remodelada en un estilo Neo Gótico hasta que fue bombardeada
por los Nazis en 1.944.
El año 1950 Le Corbusier acepta reconstruirla a petición
de la localidad y el arzobispo de Besancon. Cinco años más
tarde se inauguraría lo que el definió como lugar de silencio,
plegaria y alegría interior. Con esta obra Le Corbusier rompe su
hasta entonces estilo canónico y geométrico, para dar forma
a la libertad plástica articulada según curvas, planos inclinados
y aberturas asimétricas, marcando asi una diferenciada seguna etapa
de su forma de proyectar.
Se sale de sus principios de la estandarización y de la máquina
estética, dando lugar a una respuesta sitio-específica.
Por propia admisión de Le Corbusier, era el sitio que proporcionó
los lugares geométricos necesarios para la respuesta, el horizonte
visible en los cuatro lados de la colina y de su herencia histórica
por siglos como lugar de la adoración. También detectó
una relación sagrada de la colina con sus alrededores, las montañas
del Jura en la distancia y de la colina misma, dominando el paisaje.
Ronchamp nació en respuesta a las sugerencias del paisaje, pero
también es un buen ejemplo de utilización de materiales
disponibles. En la colina había muchas piedras esparcidas, Le Corbusier
las mandó recoger y juntar en forma de pirámide. Tiempo
después se le agregó una paloma de metal justo en la cima,
y la pirámide se convirtió en el Monumento a los Caídos
de la Resistencia. Notre Dame du Haut fue calificada por la crítica
como una obra irracional, mediterránea, artificiosa, sensual, y
hasta "barroca". Pasó casi 5 años trabajando en
Ronchamp, cuidando hasta el último detalle. La capilla se inauguró
el 25 de junio de 1955 y él todavía estaba molesto con la
cruz, porque ésta y el altar se molestaban mutuamente. Dos años
después, estando en París, encontró el ordenamiento
perfecto entre la cruz y el altar. Regresó inmediatamente a Ronchamp
a arreglar el desperfecto. La capilla caracteriza en muchos sentidos la
madurez de la obra de Le Corbusier. Ya no vemos la incuestionabilidad
de los años veinte, en su lugar se advierten contradicciones y
ambigüedades deliberadas. El significado de todos este edificio no
es transcripción explicita y literal de la edad de la máquina,
es una declaración de interpretaciones de la naturaleza que, por
reducción, interpreta, a su vez, la propia existencia. |